Siempre que veo un perro en la calle me pregunto... Qué sentirá?... Si hablara, que contaría? Pienso que muchos de nosotros somos cómo ellos... Caminamos, tenemos nuestra rutina... Hacemos lo mismo día a día... pero no sabemos a dónde ir, comiendo basura todos los días.. y aún así, no recordamos cuándo todo comenzó a salir mal...
Me despierto por esa luz,
esa bola de queso pequeña,
esos animales fuertes que llaman bus,
casi me dejan empastado en la acera...
No tengo brujula, ni destino,
tampoco cariños, ni motivos,
eso si, mucha hambre y soledad,
combianadas con esa esperanza banal.
Una funda esconde oro,
la rompo para poder saciar el hambre,
tres monstruos me alejan
y recogiendo lo que llaman basura..
Que dolor es vivir así,
vivir en mi casa y a ella no poder ir,
he aprendido a morir en vida,
caminando entre poesías y caídas...
Quizas a la vuelta de la esquina cambie,
y mi soledad se convierta en algo infame,
pata por pata, camino hacia este final,
en el que muero sin poderte amar.
Te escuchó a lo lejos,
recordando el día que te perdí,
el día que me perdí
y que dejé mi capacidad de bipedo.
Otro día gris,
nada bueno en las rosas, ni en mí,
recuerdo el color, recordando el ayer..
en un cuento de perro de calle..
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